Curaduría
Manizales, Colombia. Viernes 27 denoviembre de 2020. Pinacoteca Palacio de Bellas Artes
ARTISTA
Néstor Raúl Pérez Ramírez





Texto curatorial
El río es una potencia indómita, un cúmulo de flujos, caudaloso o apacible se abre camino en montañas y llanuras. El artista comprende el río como un cuerpo, sabe que está abierto a sentir y ser sentido, expuesto como nuestra carne, dispuesto al encuentro. Hay quienes piensan que los espejos de agua producen reflejos engañosos, sin embargo, al sumergirnos o caminar por sus riveras, el río nos alcanza, se producen filtraciones, afecciones, conexiones, mezclas y contagios. En esos momentos, el artista comprende que no se trata de intervenir un río, sino de propiciar un encuentro, explorar un intersticio poético. Quizá por eso la primera de las piezas es un abrazo, una instalación que nos recuerda el momento en el que las cascadas se enfrentan a las piedras, el río se confunde con las nubes y nosotros con el aire húmedo (efecto Lenard). En la segunda de las piezas, encontramos una cartografía de arena, dos geografías se superponen, el cuerpo río y el cuerpo humano, los encuentros dejan rastros, indicios y grafías en las piedras (haloclastia). La tercera de las piezas es un documental poético, secuencias, planos y montajes se convierten en una meditación serena, aves, campanas, ranas, mariposas, plantas, cuerpos que se mezclan. En un país en que los ríos han sido recursos disponibles para la explotación y escenarios de enfrentamientos violentos, el artista nos propone un encuentro poético, nos invita a (re)encontrarnos con los ríos, los ríos de los juegos de infancia, los ríos de los amores secretos, los ríos de nuestras luchas más enardecidas, los ríos de las despedidas imposibles.
Pedro Antonio Rojas Valencia
Eng
The river is an untamed force, a collection of flows, whether mighty or serene, carving its way through mountains and plains. The artist understands the river as a body, knowing that it is open to feeling and being felt, exposed like our flesh, ready for encounter. There are those who believe that water mirrors produce deceptive reflections, yet when we immerse ourselves or walk along its banks, the river reaches us, causing filtrations, affections, connections, mixtures, and contagions. In those moments, the artist understands that it is not about intervening in the river, but rather fostering an encounter, exploring a poetic interstice.
Perhaps that is why the first piece is an embrace, an installation that reminds us of the moment when waterfalls meet rocks, the river blends with the clouds, and we merge with the humid air (Lenard effect). In the second piece, we find a sand map, two geographies overlapping — the river body and the human body. Encounters leave traces, signs, and markings on the stones (haloclasty). The third piece is a poetic documentary, sequences, shots, and montages become a serene meditation: birds, bells, frogs, butterflies, plants, bodies mixing together.
In a country where rivers have been resources available for exploitation and sites of violent confrontations, the artist offers us a poetic encounter, inviting us to (re)discover the rivers — the rivers of childhood games, the rivers of secret loves, the rivers of our most passionate struggles, the rivers of impossible farewells.