Andar: itinerarios, tránsitos y cartografías de Leandro Ocampo (2020)

Curaduría

Manizales, Colombia. Viernes 27 denoviembre de 2020. Pinacoteca Palacio de Bellas Artes

ARTISTA

Leandro Ocampo Morales

Texto curatorial

Aprender a caminar no es un asunto sencillo, se trata de un gesto misterioso, mantener el equilibrio, levantar -sutilmente o con torpeza- un pie, mientras el otro se aferra a la tierra. ¿Cómo hacer que nuestro cuerpo, siempre inestable, sea el soporte de una trayectoria? ¿Cómo nos libramos de la inmovilidad y del abismo? El arte nos enseña a caminar detenidamente, nuestra motricidad se convierte en nomadismo sensible, aprendemos a transitar por las calles como los marineros por las tormentas, estamos a la deriva, las ciudades se convierten en ensueños, la vida interior se confunde con el afuera. En la primera de las piezas, podemos encontrar una moneda, unos dados, una ruleta y una pirinola, estos objetos nos invitan a seguir trayectos azarosos, podemos dirigirnos a la derecha o la izquierda, entonces, los recuerdos no se hacen esperar, la cancha de futbol, las glorietas, el colegio de la infancia. La segunda de las piezas nos permite comprender que no se camina sobre el asfalto, andamos por donde han trasegado los otros, (re)caminamos historias, algunas aparecen con la claridad de los días soleados, otras con la oscuridad de la noche y otras nos invitan a caminar a tientas, caminamos para despedirnos, para visitar a los abuelos o para encontrarnos con un antiguo árbol de almendros. En la tercera de las piezas, el artista nos propone otro juego: salir a caminar con un recipiente, realizar todo tipo de hallazgos inesperados y coleccionarlos, de repente seremos poseedores de tesoros inclasificables: velitas derretidas, tapas de cerveza, llaves rotas, papeles arrugados de chocolatinas y ramitas de cedro negro. En esta exposición el caminar se convierte en una pregunta, aprendemos a estar al acecho -seguir huellas, rastros e indicios- el desplazamiento nos es otra cosa que un dibujo trazado por un pincel indómito, una cartografía poblada de afectos, sensaciones y recuerdos.

Pedro Antonio Rojas Valencia

Eng

Learning to walk is not a simple matter; it is a mysterious gesture, maintaining balance, lifting — subtly or clumsily — one foot, while the other clings to the earth. How do we make our body, always unstable, the support for a trajectory? How do we free ourselves from immobility and the abyss? Art teaches us to walk deliberately, our motricity becomes sensitive nomadism, we learn to traverse the streets like sailors through storms, adrift, the cities turn into daydreams, the inner life blends with the outer world.

In the first piece, we find a coin, dice, a roulette wheel, and a spinning top; these objects invite us to follow uncertain paths. We may head to the right or to the left, and memories soon emerge: the soccer field, the roundabouts, the childhood school. The second piece allows us to understand that we do not walk on asphalt; we walk where others have passed, (re)walking histories. Some appear with the clarity of sunny days, others with the darkness of the night, and others invite us to walk blindly. We walk to say goodbye, to visit grandparents, or to meet an old almond tree. In the third piece, the artist proposes another game: to go out for a walk with a container, make all sorts of unexpected discoveries, and collect them. Suddenly, we become the possessors of unclassifiable treasures: melted candles, beer caps, broken keys, crumpled chocolate wrappers, and twigs of black cedar.

In this exhibition, walking becomes a question. We learn to be alert — to follow tracks, traces, and signs — movement is nothing more than a drawing traced by a wild brush, a map filled with affections, sensations, and memories.